DeMiAn 的个人资料My Brave New World照片日志列表更多 工具 帮助

日志


3月14日

Cortazar´s Insane Mind

 

Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.


    Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

 

 

3月1日

Coffee, Jazz & Cigarettes

 

 

Caminó un par de cuadras mas hasta llegar a la explanada en la que se solían celebrar algunos eventos de índole musical, cada viernes era distinto, un viernes había un grupo de Rock que tocaba algunas canciones de grupos comerciales,  al otro un conjunto de trovadores, tal vez un poco de música clásica, este viernes un dueto de Jazz, Piano y guitarra, inundaban el ambiente con una tenue sensación de melancolía. El Chiko aun tenía el desagradable sabor amargo del café que se tomó, como casi todos los viernes, sin alguien con quien charlar. Era su costumbre, tanto el tomar café como el estar solo, la compañía muchas veces se le antojaba asfixiante otras tantas solo un poco aburrida, no así la soledad, su pequeño refugio dentro de si mismo.

Subió algunos peldaños y se dejo caer a la mitad de las anchas escaleras que muy bien podrían pasar por grandes pedazos de acera montados uno arriba de otro, se recargo sobre el muro circundante y dirigió su vista hacia la penumbra que había en el interior de su ser.

El Jazz viajaba en el aire haciendo que el Chiko recordara lo infeliz que era, no porque no tuviese opción sino porque el así lo había querido, un buen día decidió ser infeliz ya que la felicidad no le causaba mas que una depresión mal disfrazada, si alguien se hubiese percatado de su presencia sin duda hubiera notado lo abatido dentro de su vista baja.

El Chico, no era la primera vez, hablo para si mismo y comenzó una charla que cualquier loko tendría con cualkiera de sus Yos en cualquier melancólica tarde de viernes. Pensaba en la satisfacción que su infelicidad le había causado algunos viernes atrás y en como la etérea sensación se desvanecía como la luna al amanecer.

De pronto, la melodía beso suavemente sus oídos y se interno en lo susceptible de su ser, desmoronado, vagabundo, ahora la infelicidad solo le traía pesar, se sentía perdido, a la deriva, solo, sin su soledad, por primera vez en la vida.

Sintió como el pecho se rasgaba en su interior, como el corazón desaparecía dejando tras de si un vació tan amargo como el café con cigarrillos de esa tarde. Y la sensación comenzó a subir por sus garganta, por su boca, sus mejillas, por fin a sus ojos… no sabía que hacer, la melodía lo tenía sumido en una irrealidad austera, no sabia que sentir, sabía que algo tenia que suceder pero no recordaba que era ese algo…

Hace mucho que el Chiko no lo hacía, la última vez fue frente a un par de páginas impresas con letras, que bien acomodadas podrían hacer mella sobretodo en un alma torturada por su propia existencia, tanto que había olvidado tardes enteras con el sol secando su cara empapada, tanto que no sabia si hundir la cabeza entre sus rodillas o si tenia que reír al mismo tiempo que se dejaba vencer por la desesperación….

 

Lo único que pudo hacer fue llorar hacia sus adentros, ni siquiera parpadeo.

 

El dúo de Jazz paró, una multitud se amontonaba a la mitad de las anchas escaleras, estudiantes murmuraban, incrédulos, entre sí y otros tantos retiraban la vista de la imagen inerte del Chico ahogado por el amargo sabor de sus propias lágrimas.